Miguel Cabañas (IH) y Paula Barreiro (IH) editan un monográfico en la revista 'Astorica' dedicado a Ricardo Gullón y la Escuela de Altamira

En el número 32 de la revista Astorica correspondiente a diciembre 2013, publicación dirigida por el catedrático de la UCM Javier Huerta Calvo, acaba de ver la luz el monográfico dedicado a Ricardo Gullón y la Escuela de Altamira.
 
La edición ha estado al cuidado de Miguel Cabañas Bravo y Paula Barreiro López, ambos del Instituto de Historia del CCHS-CSIC. También colaboran en el número Javier Díaz López (Universidad de Cantabria), Chus Tudelilla (Universidad de Zaragoza), Julián Díaz Sánchez (U. De Castilla-La Mancha), Olga Fernández (Universidad Autónoma de Madrid) y Germán Gullón.
 
A finales de los años cuarenta del pasado siglo XX, venía sintiéndose en España la necesidad de contar con una plataforma de debate y proyección del arte contemporáneo avanzado. Y la idea comenzó a concretarse y fraguar en 1948, cuando el artista alemán Mathias Goeriz “descubrió” las cuevas de Altamira y, junto a Ricardo Gullón, Pablo Beltrán de Heredia y Ángel Ferrant, decidieron fundar la Escuela de Altamira en Santillana delMar; para lo que contaron con la oficiosidad y el respaldoque les prestó Joaquín Reguera Sevilla, entonces gobernadorcivil de Santander.
 
La Escuela, más allá de las visiones particulares de cada componente, se concibió como un grupo dinamizador y aglutinador de esfuerzos dispersos, que permitiera reentroncar con la línea deactividad vanguardista rota con la guerra civil y relanzar el arte avanzado del momento. Aparte de la creación en 1949 de la efímera revista Bisonte, y la publicaciónde varias monografías de artistas (las de Alberto Sartoris por Luis Felipe Vivanco, Ángel Ferrant por Ricardo Gullón y José Lloréns Artigas por Sebastià Gasch), su actividad principal se centró en la organización de “semanas” de conversaciones y debates sobre arte contemporáneo,con vocación internacional, que pronto se vieron acompañadas de exposiciones artísticas complementarias. La primera de estas Semanas de Arte tuvo lugar en Santillana del Mar, enseptiembre de 1949, y la Segunda, que estuvo acompañada de una exposición de composiciones abstractas de Carla Prina en la Sala Proel, de nuevo se realizó en la misma ciudad, en septiembre de 1950.
 
Finalmente, hubo una última y poco conocida Tercera Semana de Arte, efectuada en noviembre de 1951 en Madrid, con motivo de la celebración de la I Bienal Hispanoamericana de Arte, la cual marcaría un nuevo rumbo en la forma de actuación de los “altamireses”, cuyas actuaciones desde ahora quedarían más claramente amparadas o absorbidas por la iniciativa oficial, la cual prestaría cierta apoyo a los objetivos de los miembros de la Escuela con su vínculo a actuaciones institucionales como el citado certamen hispano o los Cursos de Verano de la UIMP de Santander.